La introspección plástica de Schreier surge de sus mundos oníricos, de su mirada atenta a su entorno natural en la sierra de Madrid; y todo esto lo mezcla y retroalimenta de sus fantasías infantiles y de sus sueños de espacios siderales y de paisajes exuberantes que explotan en colorido, respetando un equilibrio armónico de los elementos y personajes que conforman su ordenada composición.
Las influencias de Klee y de Rousseau están inmersas en su paleta plástica y le han dotado de un exquisito guiso de aromas visuales, que Jacqueline Schreier convierte en su propia esencia vital. La fauna y la flora, el día y la noche, el blanco y el negro, el rojo, el azul, el verde y el amarillo deambulan en sus distintas facetas plásticas.
Su trabajo profesional en la ilustración y en el sector publicitario le han permeado el ojo hacia el diseño gráfico y se nota esa presencia en parte de su obra, pero en sus últimos trabajos se desprende de la figuración, que ha sido el principal motor de su pintura y ahora salta a la abstracción como un proceso de evolución necesario en su devenir creativo. Schreier se adentra hacia el nebuloso mundo atmosférico del color, a la textura y a la forma, pero con una capacidad innata de síntesis y de expresión total.Manuel Bonilla
El expresionismo ingenuo y colorista de Jacqueline Schreier, nos demuestra que necesitamos de la simplicidad de las formas, de los colores primitivos, de los componentes básicos.
Queremos continuar la fantasía más allá del soporte pictórico, hasta crear una nueva dimensión de imaginación e ilusión donde el color y la forma se entrelazan y separan con delicadeza formando una animación atemporal y armónica con el entorno.
Cierra los ojos, sumérgete y disfruta del mundo fantástico de Jacqueline…
Marta Villamayor