La introspección plástica de Schreier surge de sus mundos oníricos, de su mirada atenta a su entorno natural en la sierra de Madrid; y todo esto lo mezcla y retroalimenta de sus fantasías infantiles y de sus sueños de espacios siderales y de paisajes exuberantes que explotan en colorido, respetando un equilibrio armónico de los elementos y personajes que conforman su ordenada composición.
Influencias de Klee y de Rousseau están inmersas en su paleta plástica y le han dotado de un exquisito guiso de aromas visuales, que Jacqueline Schreier convierte en su propia esencia vital. La fauna y la flora, el día y la noche, el blanco y el negro, el rojo, el azul, el verde y el amarillo deambulan en sus distintas facetas plásticas.
Su trabajo profesional en la ilustración y en el sector publicitario le han permeado el ojo hacia el diseño gráfico y se nota esa presencia en parte de su obra, pero en sus últimos trabajos se desprende de la figuración, que ha sido el principal motor de su pintura y ahora salta a la abstracción como un proceso de evolución necesario en su devenir creativo. Schreier se adentra hacia el nebuloso mundo atmosférico del color, a la textura y a la forma, pero con una capacidad innata de síntesis y de expresión total.Manuel Bonilla